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La Columna del Estilita

Crítica al libro: Masonería al descubierto

Crítica al libro: Masonería al descubierto

    Muy esperado entre masones, salió a la luz en los primeros días de octubre (2006) el libro "Masonería al Descubierto" del prolífico y, a menudo, contestado Pepe Rodríguez. La mayor aportación del libro es la revisión pormenorizada de los avatares de la reciente historia de la Masonería en España, la que va desde la restauración democrática hasta la actualidad. Faltaba un libro así, que se enfrascara en el análisis de los sucesos de los últimos 30 años, con frecuencia confusos y polémicos, durante los que la Masonería española ha intentado e intenta llegar a una deseable estabilidad. 

    El libro de Rodríguez se presenta como un documento valioso y, con frecuencia, único hasta ahora, para comprender todos esos procesos recientes. Sin embargo, un lector crítico e informado no puede evitar la decepción de encontrarse un enfoque fuertemente sesgado de la Masonería moderna. El autor Rodríguez es un periodista que trabaja en su tesis doctoral en psicología y su libro no pasa de ser un documento periodístico, carente de rigor histórico. Hace uso de sus conocimientos sobre psicología para ir deslizando su mensaje, su concepto de lo que es bueno y malo en Masonería. Pero navega entre los islotes de su completo desconocimiento del tema del que está hablando, la transmisión de una idea ligada a su posicionamiento ideológico y político y un intenso amarillismo periodístico. De esta forma presenta las opciones masónicas como buenas, positivas e interesantes si van ligadas a conceptos políticos y sociales de izquierdas y como malas, retrógradas y deleznables si él considera que hay en ellas un aroma conservador, sin tener en cuenta que la Masonería es algo al margen de las corrientes políticas y que sus usos y costumbres no necesariamente responden a lo políticamente correcto de uno u otro momento histórico, sino a la búsqueda personal de sus miembros. Su amarillismo y estilo de periodismo sensacionalista le lleva a mostrar documentos internos de instituciones, que usa para criticar lo que no conoce, y, en el paroxismo de la más completa falta de educación, a relatar con lujo de detalles episodios como el de sus relaciones con la Gran Logia Femenina de España.

    A lo largo de todo su libro y en todas las circunstancias que van surgiendo, el autor Rodríguez presenta la Masonería regular como una opción ridícula, inoperante y cargada de prejuicios. Por el contrario, la Masonería liberal es para él el paradigma del progresismo social. De este modo, se refiere siempre a la primera como "regular" (entrecomillado) y a la segunda como adogmática (sin entrecomillar), ignorando fehacientemente que toda la Masonería tiene como uno de sus pilares fundamentales el adogmatismo y que, si bien el término regular puede no ser el mejor, es el que está al uso para referirse a la Masonería practicada por el 90% de los masones del mundo. La cantidad de falsedades vertidas en el torrente del libro es enorme. A modo de ejemplo, me permito analizar aquí algunas de ellas. 

    Rodríguez aprovecha algunos procederes de autoridades relevantes de la Gran Logia de España que a él le parecen contestables como argumento desacreditativo de toda la Masonería regular. Él desea presentar la idea de que la GLE es insignificante en el contexto masónico español, formada por viejos ingleses borrachines y unos cuantos españoles retrógrados. Este es el mensaje que repite con insistencia en cada pasaje en que surge la posibilidad, sin importarle caer en contradicciones que son el producto de la continuada falsedad de la información. Por ejemplo, en el capítulo 16, en que hace un balance numérico de la masonería española actual, dice que la GLE tiene 2150 miembros (son unos pocos más, pero pase). Dice que, de ellos, los españoles son minoría: 850. De paso, estos 850 son poco más del 40% de los 2000 españoles que Rodríguez estima que hay en la Masonería española, entre todas las obediencias. O sea, según él, la Masonería "regular" (entre comillas, como a él le gusta) además de retrógada y colonizada por borrachines ingleses, es minoritaria en España. En otro lugar del libro, en el capítulo 11, cuando habla de la elección de Carretero como Gran Maestro de la GLE dice que obtuvo el voto del 90% de los ingleses y del 10% de los españoles. Ya ha dicho que los ingleses son muy mayoritarios. Además, según él, les pagaron el viaje para que fueran a votar y, más aún, el porcentaje de ellos que tienen derecho a voto en la GLE es mayor que el de españoles porque, los muy pillines, nunca repiten como venerables maestros (presidentes) en sus logias y sólo son los que han ocupado tal puesto los que pueden votar. Con todo y con eso, Carretero ganó por un estrecho margen de 17 votos de los 500 emitidos. ¿Cómo puede ser que la victoria fuera por un margen tan estrecho dadas las circunstancias que narra Rodríguez? Si los números y lo hechos fueran de acuerdo al relato de Rodríguez, Carretero debería haber ganado por 150 votos de diferencia, al menos. Dice también Rodríguez, en la nota 73 del capítulo 11, que Carretero hubo de nombrar a muchos ingleses como grandes oficiales en pago a su apoyo. El autor Rodríguez da como prueba la lista de tales oficiales extraída de un decreto de Carretero (no olvidemos que estos decretos son documentos internos y que puede ser éticamente deleznable que Rodríguez los airee). Pero en tal lista hay sólo 14 ciudadanos ingles de un total de 36 y en puestos no precisamente de los más relevantes. El asunto es completamente contradictorio, sobre todo para el que crea lo que Rodríguez dice de que la mayoría de los miembros de la GLE son ingleses. En realidad, lo cierto es que la mayor parte de la información que da Rodríguez es falsa. En la GLE hay cerca de 2500 miembros de los que 1700 son españoles, 600 ingleses y 200 de otros países, incluidos Alemania, Francia y varios países de la América hispanohablante. Muchos ingleses votaron a Carretero, como también lo hicieron muchos españoles. Por otra parte, el hecho que a Rodríguez le parece tramposo de que en las logias de la GLE los venerables maestros suelan cambiar todos los años o, como máximo, cada dos, siguiendo los reglamentos de la institución, puede fácilmente considerarse como virtud, puesto que evita el apego al cargo y facilita la movilidad de ideas y estilos. Critica también Rodríguez el sistema electoral de la GLE, en la que (en las asambleas) sólo tienen derecho de voto los que han presidido una logia. Puede no ser el mejor sistema pero, simplemente, da el voto a aquellos en quienes sus hermanos han depositado alguna vez su confianza para presidir los trabajos de la logia. En este sentido, no olvidemos algo que Rodríguez ha pasado por alto: las logias eligen a sus venerables maestros por sufragio universal y directo entre sus miembros. 

    En relación con la política y la Masonería, Rodríguez coloca a la GLE la etiqueta de ser de derechas. Esto se menciona de forma continuada a lo largo del libro. No olvidemos que es una idea fundamental de la Masonería regular el ser apolítica. Sin embargo, conviene mostrar la sesgada falsedad del mensaje de Rodríguez, de nuevo por vía de sus propias contradicciones. Dice en relación con la elección de Corominas como Gran Maestro de la GLE en 2002, que ganó por sólo una veintena de votos de diferencia, lo cual demuestra el rechazo hacia él de los miembros de la GLE por ser, dice Rodríguez, catalán y socialista (Corominas es un miembro del PSC, por el que ha sido parlamentario en dos legislaturas, entre otros puestos de relevancia). Si fuera como dice Rodríguez y Corominas fuera rechazado por ser catalán y socialista, ¿cómo es que ganó las elecciones? También en relación con la orientación política, Rodríguez dice que entre los masones españoles hay unos 200 miembros del PSOE. De ellos, unos 100 en la GLE y otros tantos en las demás obediencias. Pero según él, en la GLE sólo están el 42% de los masones españoles, por lo que, simplemente usando sus datos, resulta que el peso del PSOE en la GLE es mayor que en las demás obediencias. ¿Cómo puede ser, entonces, que sea tan de derechas como dice Rodríguez? Repito que la Masonería regular está al margen de las tendencias políticas y que en ella entran las personas de sólidos valores éticos que aceptan al Ser Supremo y que buscan el progreso personal interior y ello con estricta y explícita independencia de sus tendencias políticas y práctica religiosa.

    Desde un punto de vista más general y ya para terminar con estos ejemplos, Rodríguez critica en todo momento a la que él denomina “masonería regular, teísta y dogmática, conservadora y retrógrada de obediencia inglesa”, de la que incluso llega a afirmar que es minoritaria, al hacerse eco de las palabras de la Gran Maestra Tejerina de la Gran Logia Simbólica Española, pero sacándolas de contexto, cuando afirma que la masonería mixta es la "opción masónica mayoritaria" (Tejerina se refiere a la GLSE, ciertamente, pero Rodríguez lo presenta como si hablara de la Masonería en general). Por lo generalista del contexto, quizá uno de los ataques más significativos y, al mismo tiempo, triviales a los principios de la Masonería regular que hace Rodríguez sea la nota 4 del capítulo 3. Rodríguez critica sin misericordia a la Gran Logia Unida de Inglaterra y sus principios que, dice correctamente, vienen a resumirse en la Regla de los Doce Puntos. Rodríguez añade que "será justo señalar que en la mayoría -por no decir en todas- de las obediencias regulares no se cumplen muchas de las normas obligatorias de la Regla de los 12 puntos". O sea, la GLUI pone esas normas, pero bueno, las obediencias regulares son muy retrógradas pero no tanto como para tomárselas en serio. 

    ¿Qué dicen estas normas que parece ser tan retrógrado, abominable y contrario al sentido común? Rodríguez las da en el anexo 3 y un resumen de lo esencial de las mismas es el siguiente ( ver http://estilita.blogia.com/2007/080901-la-regla-de-los-doce-puntos.php ) :

1. La Masonería es una fraternidad iniciática que tiene como fundamento la creencia en el Gran Arquitecto del Universo.

2. Se basa en los "Antiguos Deberes".

3. Sólo pueden pertenecer a ella hombres libres que pongan en práctica el ideal de paz, amor y fraternidad.

4. Tiene como objetivo el perfeccionamiento moral de sus miembros y el de la humanidad. 

5. Impone la práctica escrupulosa de sus rituales y simbolismo.

6. Impone el respeto a las creencias de cada uno y prohíbe la discusión o controversia de política y religión.

7. Los francmasones toman su juramento sobre el Volumen de la Ley Sagrada con el fin de dar a su promesa carácter solemne y perenne.

8. Se reúnen en logias que deben estar presididas por las Tres Grandes Luces de la Francmasonería.

9. Deben ser hombres de reputación perfecta.

10. Cultivan en sus logias el amor a la patria y el respeto a las autoridades.

11. Contribuyen por el ejemplo al esplendor de la orden.

12. Se deben mutuamente ayuda y protección.

   ¿Qué será lo que el autor Rodríguez encuentra de especialmente retrógrado en todo esto? ¿El respeto a la tradición ("Antiguos Deberes" que no son más que las Constituciones de Anderson de 1723)? ¿Que los masones deban ser libres, amantes de la paz o de buena reputación? ¿Que respeten a las autoridades? Desde luego que no. Para el autor Rodríguez lo deleznable de todo esto es lo que se refiere a las cuestiones espirituales (creencia en el Gran Arquitecto del Universo, presencia de las Tres Grandes Luces y juramento sobre el Volumen de la Ley Sagrada) y a la no presencia de la mujer. Miente al decir que la mayoría de las obediencias regulares incumplen estas reglas: las cumplen escrupulosamente todas. Lo que pasa es que el autor Rodríguez no comprende muy bien de qué está hablando o bien cae, como otros, en un planificado propagandismo o bien, las dos cosas. Una de las Tres Grandes Luces es el Volumen de la Ley Sagrada. Una de ellas. Simboliza la espiritualidad o trascendencia. Las otras dos Grandes Luces son la Escuadra y el Compás, que simbolizan los aspectos materiales y los intelectuales, respectivamente. Las tres luces deben estar presentes, según la Masonería regular. El juramento sobre el Volumen de la Ley Sagrada tiene por objeto, como explícitamente dice la regla 7, de dotarlo de solemnidad y perennidad. Lo que pasa es que, como el elemento material que suele utilizarse para representar el símbolo "Volumen de la Ley Sagrada" es la Biblia, Rodríguez interpreta, equivocada o tendenciosamente, que de lo que se trata es de rezar según los dogmas cristianos. Se equivoca, lo mismo que por lo que se refiere al Gran Arquitecto del Universo. Rodríguez repite hasta la saciedad que la Masonería regular es teísta. Hay masones teístas, indudablemente. Pero la Masonería regular, cuyos principios ideológicos se reflejan, por ejemplo, en esta Regla de los Doce Puntos o en las Constituciones de Anderson de 1723, en ningún momento indican un sesgo teísta. Insisten siempre que lo mencionan en la libertad de creencias de sus miembros, con la única limitación de que deben aceptar al Gran Arquitecto del Universo. Este mismo concepto se introdujo precisamente para evitar las particularizaciones de tipo religioso. Rodríguez no lo entiende, no lo quiere entender o, simplemente, su deseo es transmitir un mensaje periodístico con su opinión, sin importar lo alejado de la realidad que esté.

    En definitiva, Rodríguez está al tanto de muchos cotilleos y ha conseguido que le filtren documentos internos aquí y allá. Demuestra también ser capaz de entrevistarse con muchas personas e incluso de obtener la confianza de algunas que después se arrepintieron de habérsela dado. Pero volvemos a encontrarnos con un libro sobre masonería que introduce más confusión que información, precisamente por la apariencia que el autor le da de ser exhaustivo y riguroso, sin serlo. 

Publicado por Juanes el 21-10-2006 en francmasoneria.blogspot.com

durmientes@gmail.com

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